¿Y tu media naranja? Me la tomé en un juguito.

¿Te ha pasado que a veces sientes que un zapato te queda un poco más apretado que el otro? O tal vez, ¿un seno queda mejor en la copa del brasier que en el otro? De ser así, debes saber que esto es normal en sus justas proporciones. Entendiendo que el perfecto cuerpo humano es asimétrico. Nuestras mitades no son exactamente iguales.

Así después de plantear la belleza de nuestra asimetría biológica y tal vez analizando un poco más, podríamos recordar que los seres humanos somos completamente diferentes entre unos y otros. Entonces me inquieta saber por qué es que pasamos gran parte de nuestra vida “buscando” una mitad, la “media naranja”, ¿a partir de qué momento esto llegó a nuestra lista de propósitos para el año nuevo?

Tratando de entender de dónde salió este objetivo, que ha dado lugar a múltiples programas de televisión, redes sociales, alquileres de vestidos y cientos de frustraciones.  -Eso sin contar que ahora Facebook en su desespero por controlar las redes sociales y las relaciones entre nosotros, también nos ayuda a buscar nuestra media naranja, un poco más directamente-. Encontré que esta expresión viene desde Platón, (veamos llevamos varios añitos rayándonos la mente).

Te contaré un poco:

Según el texto “El Banquete”,  en otro tiempo éramos un poquito distintos, con una forma redonda como la de una naranja, teníamos cuatro brazos, cuatro piernas, una cabeza con dos caras y rodábamos. (Créanme esta última parte no es precisamente la más interesante, aunque muchas nos sintamos identificadas por estas fechas decembrinas).

Estos seres eran duplas de hombre + hombre, mujer + mujer y una tercera denominada ‘andrógino’ que estaba compuesta por mujer + hombre.

Estos cuerpos se consideraban así mismos, hermosos, robustos y fuertes, por eso se les ocurrió la idea de ir al cielo y combatir contra los dioses.

Los dioses se ofendieron y Júpiter los dividió por la mitad con un rayo. Desde allí cada parte ha estado buscando su otra mitad.

¿Lo ves? El asunto es que siempre hemos estado buscando algo que nos falta, siempre tratamos de llenar un vacío. Podría ser ese el problema…

Mirémoslo de la siguiente manera, cuando compras un auto estás feliz, te llena una necesidad, pero cuando comienza a pedir cambio de partes, mayores cuidados o llegan nuevos modelos, pues nos aburre, entonces si podemos cambiamos de auto.

Cuando tenemos un nuevo trabajo, todo se llena de luz –era lo que me faltaba, ahora sí, qué se tenga el mundo-. Pero cuando tienes demasiada carga laboral, compañeras envidiosas o te das cuenta que tu sueldo no es tan bueno en comparación con el de otras, umm la luz se comienza a ir.

Creo que ahí están las semillas de la naranja. Siempre hemos estado buscando algo que nos complete, por ello queremos que llenen nuestras expectativas, necesidades y gustos. Queremos otra igual a nosotras. (Pobre de los dioses, qué harían ahora al darse cuenta que la vanidad y el egocentrismo del ser humano, no han cambiado mucho).

Ese es el problema, por qué razón tenemos que poner nuestra felicidad, plenitud o como lo quieras llamar, en función de si tenemos ese faltante. ¿No sería más interesante si dos frutas comparten y hacen un buen salpicón?

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Ni siquiera tienen que ser iguales, tampoco lo son las naranjas, (¿has visto que hay naranjas más dulces que las otras o con un color naranja más intenso que el de otras? Pero juntas, bien rico que es el jugo).

Si tan sólo somos un banano completo o una papaya con nuestras propias semillas, cuando llegue alguien estaremos más interesadas en compartir, en construir, tendremos menos inseguridades; porque si un día ese alguien ve un aguacate cremosito y se va, pues tú te pones leche condensada y sigues. Estás completa, duele, pero al final no te hace falta nada.

Definitivamente las relaciones fallan porque estamos llenando nuestros propios vacíos con los vacíos de otros. Todo al principio está bien porque tratamos de dar lo mejor de nosotras, en ocasiones damos lo que ni siquiera tenemos para nosotras mismas; pero como eso que hacemos no es algo propio, se nos acaba. Porque estamos tan enamoradas de nosotras mismas (aunque por lo general no nos soportamos) que queremos a alguien 100% igual y compatible, por lo tanto se nos olvida disfrutar de las diferencias.

Recuerdas esa expresión “ummm él tiene sus defectos, pero yo lo cambio….”

¡Qué perdición!

No nos merecemos nada que esté incompleto, no necesitamos nada por la mitad, yo quiero alguien que esté completico, con sueños, metas, miedos, con una vida propia, que quiera compartir conmigo.

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En serio amiga gónada, puede sonar a carreta pero si estás sola en este momento o si tus relaciones no han funcionado últimamente, tal vez deberías mirar hacia adentro y eso no implica necesariamente mirar sobre sí misma.

Por cierto, en el texto de Platón cuando las mitades se encuentran, se mueren de hambre porque no querían hacer nada la una sin la otra.

TESTI

 

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